Alumnos

El Laberinto

¿Es posible aprender y divertirse a la vez? ¿Recordamos mejor algo si además de aprendiendo nos estamos divirtiendo?

Se ha sabido siempre que el lenguaje de los niños es el juego. Aprenden y retienen mejor conceptos cuando juegan, que cuando simplemente memorizan. Además, la neurociencia (estudios de Gruber et al., 2014; Howard-Jones et al., 2016) ha demostrado que los aprendizajes basados en experiencias lúdicas, ayudan al procesamiento de la información. Cuando la curiosidad y la novedad están presentes, el aprendizaje mejora. Esto es aplicable tanto en niños, como en adultos.

Juegos… ¿serios?

No hay nada mejor que una buena práctica. Las cosas se aprenden haciéndolas, y si además nos lo pasamos bien, ¡mejor y más fácil!

Todos los juegos enfocados al aprendizaje tienen un propósito principal, distinto al de la pura diversión. Su objetivo es que los participantes del mismo, se lleven algo útil y aplicable a casa.

La dinámica de los juegos, aplicada al mundo del trabajo, puede ayudar a mejorar las relaciones individuales dentro de los equipos, reforzar el sentimiento y la unión de los mismos. Durante la práctica de los juegos encontraremos distintas estrategias, que luego podremos llevar a la práctica para mejorar el desempeño del equipo.

Tenemos ice-breakers para entrar en calor y despertar las mentes. Y otros más estratégicos, que nos ayudan a trabajar y mejorar como equipo y como personas dentro del mismo.

Hoy vamos a coger como ejemplo El Laberinto. Un juego del que podemos sacar muchos aprendizajes y conseguir que nuestros equipos estén más unidos, sean más flexibles y efectivos.

¿Cómo se juega?

Hacen falta dos cosas: “Pintar” el tablero en el suelo y el facilitador del juego.

Reglas generales
  • El objetivo es que todos los miembros del equipo tienen que conseguir atravesar el tablero cruzando por El Laberinto.
  • Dentro del laberinto sólo puede haber un miembro del equipo cada vez y una persona no puede entrar dos veces seguidas en el tablero.
  • Las personas de fuera pueden ayudar y guiar a la persona que está en el tablero por El Laberinto.

El papel del facilitador
  • Antes de llevar el tablero al suelo, el facilitador del juego tiene que crear/inventar el camino que habrá que seguir para resolver El Laberinto.
  • El facilitador es el único que conoce el camino y el que se asegura de que se cumplan todas las normas.
Movimientos por el tablero
  • El camino puede avanzar hacia adelante, moverse hacia derecha o izquierda y retroceder en cualquier momento y sobre cualquier casilla del tablero, siempre y cuando respete un orden secuencial.
  • Se avanza casilla a casilla, en cualquier dirección, pero de una en una, como la figura del rey en el ajedrez.
  • Siempre que se dé un paso en falso y se caiga fuera del laberinto, hay que retroceder hasta el principio del tablero, pisando sólo las casillas que forman el camino marcado por El Laberinto.
Y por último, pero muy importante: No se puede hablar.

¿Qué aprendemos del juego?

Comunicación verbal y no verbal
Intentando resolver el laberinto, los equipos se dan cuenta de la importancia que tiene la comunicación verbal y no verbal dentro de los mismos. Algo que parece muy obvio, pero que muchas veces, es uno de los principales obstáculos a la hora de trabajar en equipo. La comunicación no verbal y saber leer a otras personas en determinadas situaciones, nos ayuda a entendernos, a empatizar con los demás y a mejorar las relaciones dentro del equipo.

¿Cuántas veces nos encontramos con equipos,
en los que sus miembros no saben en qué están trabajando los demás? 

 ¿En cuántas ocasiones los impedimentos que se están encontrando, ya han sido resueltos
por alguno de sus compañeros cuando se han enfrentado a un problema parecido? 

 ¿Y cuántas veces hemos echado de menos poder tener un punto de vista diferente,
que nos ayude a llegar a la solución de un problema? 

Zoom in, Zoom out

Además de la comunicación, para trabajar en equipo la división de tareas es fundamental.

Al empezar el juego, los miembros de los equipos se lanzan a intentar descubrir el camino correcto. Lo más común al principio, es que todos quieran andar y descubrirlo directamente entrando en el tablero.

Llega un momento en el que los miembros del equipo se dan cuenta de que, el querer entrar todos en el tablero, no es lo mejor para alcanzar su objetivo. Es entonces, cuando algunas personas empiezan a quedarse fuera del tablero para indicar el camino a los que están dentro.

Muchas veces, en el día a día de los equipos, es importante que alguno de sus miembros dé un paso al lado. Observar desde fuera al equipo –Zoom Out-, ayuda a ver cómo el equipo se enfrenta a los problemas y cómo encuentra las soluciones.

Cuando analizamos el problema y cómo actuamos desde fuera del camino, encontramos nuevos enfoques que sirven para llevarlos al equipo y encontrar nuevas soluciones. Sin embargo, la mayoría de las

veces, el equipo, con el foco en el camino –Zoom In-, no es capaz de encontrar dichas alternativas.

En definitiva, un equipo debe estar formado por personas que en determinados momentos puedan estar con el foco en el camino, en sacar trabajo y resolver problemas, y que en otros, den un paso a un lado y se separen del problema. Así, podrán aportar desde fuera, nuevos puntos de vista que ayuden a encontrar nuevos caminos para resolverlos.

Prueba y error, ¡bienvenidos!

Si el equipo está con el foco puesto en resolver el problema, suele pasar que cuando tiene que decidir cuál va a ser el siguiente paso a dar, no tiene en cuenta los errores que ha cometido o piensa que, como en una parte anterior del laberinto una casilla era inválida, será inválida para siempre.

Sin embargo, algo que no funciona en un momento determinado, no quiere decir que no pueda funcionar más adelante para solucionar un problema diferente.

Equivocarse y aprender de los errores es fundamental para poder avanzar, por lo que además de fomentar una cultura que respete y abrace el error como parte imprescindible de la evolución y aprendizaje de los equipos, hay que preocuparse por entender los fallos y sobre todo el por qué han sucedido para seguir adelante.

¿Qué aprendemos del juego?

En definitiva, un equipo debe estar formado por personas que en determinados momentos puedan estar con el foco en el camino, en sacar trabajo y resolver problemas, y que en otros, den un paso a un lado y se separen del problema. Así, podrán aportar desde fuera, nuevos puntos de vista que ayuden a encontrar nuevos caminos para resolverlos.

En un equipo de alto rendimiento no hay roles fijos, sino personas con conocimientos y aptitudes distintas que aprenden unos de otros y trabajan codo con codo, y en los que dependiendo de la situación, asumen la responsabilidad de liderar y guían al equipo o delegan la misma en otros y son guiados.

Para conseguirlo, la confianza entre sus miembros y el compañerismo es primordial, puesto que la clave está en pensar en qué es lo mejor que puedo hacer yo para que  el equipo consiga sus objetivos, alineando los objetivos individuales  con los del equipo.

Hasta aquí llega o no llega EL LABERINTO amigos, confiad en vuestros equipos y recordad; ¡Si queréis ir rápido corred solos, si quieres llegar lejos descubrid y andad el camino juntos!

Fernando Barrero