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Fishbowl y equipos

Las personas somos pura emoción, ganas de transmitir, de ser tenidos en cuenta, somos la necesidad de ser comprendidos y respetados, de sentirnos útiles.
En un entorno grupal, bajo la presión de tener que discutir, analizar y tomar decisiones puede resultar todo un desafío gestionar tantas emociones, contribuir y respetar otras opiniones al mismo tiempo. No todas las personas mostramos la misma disposición a la hora de comunicarnos, porque como personas somos muy distintos e irremediablemente cambiantes.
Por tanto resulta bastante coherente pensar que en todo grupo o equipo existen diferentes tipos de interacciones, pero ¿cómo llevar a la práctica un ejercicio que lo explique y ejemplifique con claridad?.
Recientemente tuvimos la ocasión de participar en un dinámica reveladora, como parte de una inmersión en facilitación, llamada “la pecera” o “fishbowl”.
Como bien explican Cembranos y Medina en su libro “Grupos Inteligentes”, existen diversas formas de interactuar en base a 5 roles claramente definidos. Entender cuáles son estos roles, cómo/cuándo se dan y qué papel juegan en el devenir de una reunión es clave.

¿Cómo funciona el “Fishbowl”?

El fishbowl tiene diferentes variantes en función del objetivo y la necesidad del momento. En nuestro caso no utilizamos la regla de la silla libre en el centro, sino que lo ejecutamos de la siguiente manera:

  • Los miembros del equipo forman dos círculos, tal y como se aprecia en la imagen. El círculo interno se compone por entre 4 y 6 integrantes.
  • Solo participan activamente del debate en el círculo interno. El externo asume el rol de observadores.
  • La duración de la discusión es de entre 15 y 20 minutos.
  • Se otorga unos roles específicos a defender a las personas del círculo interno de forma privada, y se propone un tema para debate.

En este caso utilizamos los siguientes roles:

  • Rol 1: Debes aportar nuevas ideas, sin importar si el resto del equipo está de acuerdo o no, tu misión es no dejar de aportar nuevas ideas.
  • Rol 2: Te da absolutamente igual la conversación. Tu actuación es de pasotismo absoluto y sientes que no va contigo lo que se está debatiendo.
  • Rol 3: Escuchas mucho a la gente e intenta integrar aspectos de las ideas que proponen las diferentes personas en una nueva idea más creativa.
  • Rol 4: Todo te parece rotundamente mal. Entras en conflicto para cada una de las ideas y estás cerrado en banda negandote a todo en cada momento. Tienes cierto tono de agresividad y enfado.
  • Rol 5: No estás de acuerdo con las ideas que salen. Te dedicas a sacar pegas a todas y cada una de ellas, sin proponer nada nuevo.
Desarrollo y análisis

Nuestra dinámica giró básicamente en torno a la toma de una -a priori- sencilla decisión. Cómo íbamos a celebrar la finalización de nuestro programa formativo (menuda grandilocuencia!), y pese a la simplicidad de la cuestión planteada nos fue imposible llegar a un mínimo principio de acuerdo.

Generamos una situación concreta de ideación y toma de decisión cuyo análisis habría de ser realizado desde fuera, esto es por los observadores que no participaban activamente del debate.

Hubo representación de los roles fantasma más habitualmente ocupados en este tipo de situaciones, esto es: nula, oposición sistemática, bélica, sumativa y multiplicativa.

En otras palabras, y sin ánimo de analizar en profundidad cada uno de ellos: el que pasa, al que le parece todo mal, el agresivo (tema aparte), el que propone y el que trata de aunar esfuerzos por una solución común e integradora. Tremendo potaje.

Creo haber desvelado parcialmente lo que vino después, el caos.

Un caos definitivamente marcado por la intervención del rol bélico, el cual acaparó un protagonismo insospechado, al tiempo que generó una sensación de malestar general.

También despertó en alguno de los participantes la necesidad de mediar (¿no estaría facilitando?), cuando no era el objetivo en ningún caso, ya que no formaba parte de la descripción de ninguno de los roles fantasma otorgados.

Todo ello me hizo pensar en nuestro día a día y en cómo ocupamos aquellos roles que no están asumidos, o no se consideran como tales, pero que juegan un papel fundamental en el devenir de las relaciones profesionales y personales – los famosos roles fantasma.

La realidad es que dichos roles existen, no tienen dueño y pueden ser ocupados en distintos momentos por distintas personas. Aportan una valiosa información que resulta extraordinaria a la hora de entender qué sucede a nuestro alrededor (léase; por qué una discusión está tomando una determinada deriva o no se avanza en una negociación).

Para poder ayudar es esencial aprender a escuchar, a analizar, a ver lo que no se ve. Lo llaman leer la sala.

Discernir los motivos reales por los cuales las personas actuamos de un modo u otro, así como entender por qué nos posicionamos de un lado o de otro, trasciende a la percepción (si bien de suma relevancia en este caso) para tocar otros palos como los de la psicología o la sociología, que sin lugar a dudas se antojan más que necesarios para comprender todo lo que hay detrás de un puñado de personas tratando de comunicarse.

Todo lo que en esta dinámica se observa no es ni más ni menos que la realidad, aunque llevado a un extremo, pues en todos los equipos existe este tipo de roles.

Como miembros de un equipo o como líder del mismo, es necesario tener toda esta información en cuenta y saber cómo actuar en cada caso, siempre en pos de la cohesión del grupo y la transformación en un equipo de alto rendimiento, obteniendo lo mejor de cada uno y aportando soluciones desde puntos de vista diferentes.

Si quieres conocer algunos tips de cómo trabajar con cada rol, no dejes de leer el post ¿Y ahora, qué hago? de Estibaliz Guinea.

Felipe González

Álvaro González